
En momentos como este siempre me acuerdo de mi madre. La mujer, poseída por esa mentalidad largoplacista de los 60, estaba obsesionada con que aprobara cualquier oposición de empleo público y me hiciera funcionario de por vida. Le hice caso y aprendí de ella a ser metódico y ordenado, lo que me ha servido en mi proyección laboral. ¿De qué, si no, estarían estas carpetas inventariadas de la a a la z y su contendido supervisado con pulcritud?
En mi trabajo veo subir y bajar a cantamañanas de todo color y condición. La política va y viene mientras que la cosa estatal permanece, es una ley de la administración pública. Cuando acaban de ser nombrados se pavonean como machos en celo pero en cuanto cambian al de arriba y les hostiga el cese, o los suyos pierden las elecciones, meten la cabeza debajo del ala. Verdad que ha sucedido siempre, lo que pasa es que ahora el patio anda muy perturbado y el personal se ha vuelto más escrupuloso, por ello me han inundado la mesa con estas carpetas llenas de migas y alguna, incluso, bañada en champán. Lo van a tener muy difícil de escamotear porque esta clase de viandas dejan residuos.
–¿Qué, has archivado ya la mía? –me preguntó hace días un diputado con la corbata anudada al cuello: tres vueltas le daba y él con la lengua colgando.
–¿Me recuerda su nombre, por favor?
Bien lo sabía yo, pero así le hice retratarse en la ficha policial. Tomé su carpeta y, tras hacer que la ojeaba por primera vez, le saqué un buen rato los colores.
–¿Usted es de Almendralillo de Arriba? Menuda excursión tiene hasta llegar aquí.
–Ya le digo.
–¡Buf! No me extraña que tome usted tres AVE y haga noche en un balneario cinco estrellas.
Me pregunto cómo pudo la corbata darse una vuelta más hasta dejarle frito. Volviendo a lo culinario: un menú degustación a 200 euros el cubierto no olvida en la factura solo migas, sino un rastro deshonroso hasta dar con el maromo de la tarjeta. Como el diputado de la zona sur de Madrid con aspiraciones a echar raíces en la Norte.
–¿Y dice que estaba estudiando la fauna de la sierra porque pertenece a la comisión de medio ambiente? No vea si le cundió la caza ese día, acabó con medio venado y un foie entero.
Decir no dijo nada, pero extendió un cheque al portador por la suma de todas sus comidas. Después se atragantó, de la forma más natural.
Comprueban que el cometido de mis responsabilidades es fiscalizar los gastos de los manirrotos que nos gobiernan, razón que me ha obligado a estudiar una a una sus facturas, recibos, tiques y demás.
–¿Me puede explicar lo de la tienda de animales? 1.750 por una pecera de cristal.
–Motivos personales.
–¿De su persona o de otras? –insistí yo en la última inspección.
–Digamos que reagrupación familiar.
Mirando la letra chica descubrí lo del bicho y tuve que insistir.
–¿Un pulpo? ¿Se trajo usted un pulpo y le construyó un acuario?
–Peor hubiera sido cogerme un avión cada fin de semana para verlo –entonces bajó la cabeza y se puso a llorar–. Uno no elige a su… a su… animal de compañía.
Ahí me pudo, porque las razones del amor no se reducen a lo justo. Se viven. Y en vez de echarle la mano al cuello yo, dejé que lo siguiera haciendo su pulpo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario